sábado, 24 de septiembre de 2016

CERRADO POR VACACIONES

Enrollado como un armadillo dentro de su caparazón, con los músculos en tensión y los ojos cerrados se encontraba aquella mañana a mediados de septiembre, sus luchas internas y contra los elementos lo tenían agotado, su resistencia andaba muy mermada y a punto estaba de darse por vencido y tirar la toalla. El calor de las mañanas agostinas empezaba a quedar atrás entrando en el periodo de frescos inciertos que tan mal llevaba; roto por un organismo en constante involución, cada jornada le suponía ímprobos esfuerzos de ánimo e ímpetus físicos que ya no tenía.

La alegría y bullicio de hacía  pocas semanas atrás, había dado paso a un declive manifiesto provocado por el ocaso del verano y eso se palpaba en una arena vacía, un paseo marítimo casi desierto, terrazas y cafeterías huérfanas de clientes y cientos de apartamentos con sus ventanas cerradas iniciando el largo sueño del olvido. El ciclo volvía a repetirse una vez más pero cada año a él lo pillaba con menos fuerzas, con menos capacidad de reacción y esta vez a duras penas creía que conseguirá superarlo a la vista de lo que tenía por delante y estaba por llegar.


El sol seguía bañando el horizonte cada mañana, sus rayos jugaban con las aguas de un mar infinito creando reflejos de plata y miel; como si de un lago se tratara las escasas olas apenas imperceptibles, lamían las arenas doradas de una bahía tranquila y en silencio, la injuria de miles de huellas anónimas de hacía pocas semanas, había dado paso a un manto uniforme e inmaculado de arena inacabable sobre la que tan solo algunas gaviotas y otras aves marinas osaban posarse.

Las sombrillas, tumbonas, pasarelas y demás mobiliario estival habían desaparecido  dejando paso  a una nada natural y luminosa, en el agua las motos acuáticas habían ahogado sus monótonos rugidos mecánicos, dando paso a un silencio ensordecedor donde hasta hacía poco el guirigay de miles de gargantas invadía el entorno costero. A mediodía el viento de levante se hacía dueño de toda la bahía agitando toldos y palmeras en una danza molesta e incómoda, las temperaturas empezaban a declinar recordando el próximo fin del verano y con él la necesidad de empezar a sacar la ropa de entretiempo.


Con el cuerpo húmedo y pegajoso por los caprichos orgánicos de su malogrado cuerpo, transformaba en palabras los chispazos neuronales gestados en los intersticios de su materia gris; la trama de la historia era una más que añadir a su carpeta virtual que como otras muchas, surgía del desasosiego y la añoranza, de la rabia contenida y la desesperación, de la incertidumbre y la angustia. Nada había salido como esperaban, todo se había truncado en un momento de sus vidas delicado y próximo a su fin pero nada podía hacerse salvo esperar acontecimientos que no llegaban y cuando estos lo hacían tan solo añadían más leña al fuego.



El verano ya solo era un recuerdo, las fotografías hechas durante él su único testimonio; todo estaba a punto de echar el cierre y con el cartel de CERRADO POR VACACIONES los sufridos hosteleros empezaban su ansiado periodo de descanso, mientras la masa que hasta hacía pocas fechas inundaba el pequeño pueblo costero, retornaba a sus lugares de origen para hacer frente a un largo periodo gris y estresante. Pensar en el próximo periodo estival se convertía en una utopía dadas las circunstancias por las que pasaba, todo podía cambiar de un día para otro como lo venía haciendo en los últimos años, cada vez más hundidos en un pozo del que no veían la forma de salir salvo que la dama negra los visitara y con su presencia iniciaran el último viaje libres ya de ataduras y compromisos.

sábado, 17 de septiembre de 2016

EL PASO POR LA VIDA

Un buen día, en un lugar cualquiera, alguien escupe la semilla que ha ido gestando durante nueve largos meses; en ese momento entre llantos, sangre y otros fluidos corporales un nuevo ser ve la luz en este planeta llamado Tierra, probablemente el lugar en el que lo haga marcará su existencia. El moreno cabezón de brazos enclenques y vientre hinchado tendrá los días contados, en cambio el rubio de ojos claros mofletudo y regordete como un querubín de los que pintaba Murillo tendrá una vida plácida… o no.

La vida es una lotería en la que todos jugamos pero pocos obtenemos premio, del bombo de la fortuna muchos ya salen malogrados, nadie es igual y a la vez nadie es distinto pues por todos corre un caudal sanguíneo, a veces flojo y ahorchatado, que nutre cada célula del envase orgánico que nos ha tocado ocupar. Las formas de ese envase son muchas y muy variadas en aspecto, tamaño, color y proporciones por lo que a pesar de la similitud existen grandes diferencias las cuales en ocasiones también marcan la trayectoria vital del individuo.


Y ahora estamos en la playa en el declive de un nuevo verano, hace cuatro días como quien dice estaban llegando en masa las gentes ilusionadas ante la perspectiva de las ansiadas vacaciones, hoy con la cabeza cacha empacan sus enseres estivales y resignados ponen rumbo a sus ciudades de origen para iniciar un nuevo e incierto año laboral. Atrás quedan los baños de mar, los paseos por la playa, los helados en las terrazas, las siestas de tumbona, las verbenas y los aperitivos de bañador; la vida pasa y tan solo somos un eslabón de la cadena insignificante y prescindible el cual llegado el momento, es sustituido y olvidado.

Caminas por lugares hasta hace poco abarrotados de gente los cuales han quedado desiertos en un sinsentido difícil de explicar, la ciudad de los miles de turistas se convierte de un día para otro en una ciudad fantasma, solitaria y en silencio en la que apenas ves a unos pocos afortunados deambulando sin rumbo por el largo paseo marítimo. Las piscinas quedan en el olvido, la actividad playera deja de existir, el ocio desaparece y con él las luces y las músicas que han inundado el ambiente; todo se enquista y se prepara para hibernar durante largos meses durante los cuales la bahía seguirá respirando, regenerándose para una nueva etapa estival en la que como cada año, se verá invadida por miles de intrusos llegados de todas partes que mancillaran su manto de arena y sus aguas cristalinas.



Esos cuerpos blancos y aceitosos pasarán a pieles sonrosadas y más tarde a morenas con cientos de tonalidades, sus risas bobaliconas y desenfadadas se oirán en toda la bahía acompañando al grito de las gaviotas. Así pues algunos envases orgánicos, conocidos como cuerpos, tienen la suerte de poder disfrutar de unos días de asueto, unos junto al mar y otros en la montaña, pero todos ellos con el beneplácito de una naturaleza que les ha sido favorable y benévola al haberles permitido eclosionar en tierras civilizadas en la que su paso por la vida será cuanto menos ACEPTABLE.

sábado, 10 de septiembre de 2016

EL DEBACLE DE UNA SAGA

Al final llegó el primer gran susto, el primero de otros muchos que estaban por llegar; la sensación de rabia e impotencia te hacía hervir la bilis y con ella la boca se llenaba de sabores malsanos e inmundos. La desinformación te hacía llegar tarde a todo, las posibles tablas de salvación se las llevaban las olas por no haber llegado a tiempo y uno veía pasar ante sus ojos lo que pudo ser y no fue. La maquinaria legislativa debía ponerse en marcha, no había tiempo que perder y todos eran conscientes de ello; las posibles soluciones, escasas, conllevaban un riesgo que debían asumir ante lo evidente, la gravedad de los hechos y su falta de recursos para solucionarlos los condenaba al suicidio colectivo pero había que intentarlo, el inmovilismo acabaría llevándoselo todo por delante, era hora de reaccionar.

Los pliegos iban acumulándose sobre la mesa, leer sus páginas te hundía en la desesperación viéndote en un callejón sin salida que se iba estrechando con el paso de las jornadas; tenías que fiarte de lo que te aconsejaban los letrados de lo contrario estabas perdido y aun así, la cosa no estaba nada clara y todo podía suceder. La mala suerte nos acompañaba y por más que quisieras evitarlo, la situación que vivíamos te consumía las veinticuatro horas de cada jornada, no había un momento de respiro en el que pudieras desconectar.

El campo estaba sembrado de minas y en cada recodo estas podían estallar, había que ser prudente y contenido en el proceder pues lo que te pedía el cuerpo podía acelerar el desenlace final: la especulación de bienes estaba sobre la mesa, un escaparate de ofertas era recibido a diario aun así, estas no fructificaban y los medios para mitigar el desastre escaseaban.

Acudir a la trinchera cada día requería un mayor esfuerzo, no físico sino mental, la derrota se veía en las caras de los escasos soldados que aun aguantaban la línea de defensa cada vez más inestable; actuar  de portavoz de noticias casi nunca buenas y por lo tanto mal aceptadas, se había convertido en una costumbre en los últimos tiempos, hacerlo implicaba grandes dosis de ansiedad la cual se prolongaba más allá del propio campo de batalla.

La tensión se palpaba en cada gesto, ningún acto estaba libre de ella y eso crispaba  unos nervios ya de por si bastante afectados; en cualquier momento la bomba orgánica podía dejar de funcionar dejando ya sin energía vital aquel maltrecho cuerpo. Inmersos en una situación complicada derivada por las circunstancias que los envolvían, nadie veía una salida aceptable de aquel fuego cruzado, antes o después y para eso no faltaba mucho, empezarían a caer derrotados.

Con los brazos casi caídos deambulaban por los despachos que un día los vieron triunfar, el color gris del entorno era un reflejo de sus almas perdidas que a duras penas acababan cada jornada; los conflictos saltaban a cada momento y el ambiente se había vuelto insostenible entre una tropa desmotivada y pesimista. Sin el control ya en sus manos, otros decidían el ritmo de los acontecimientos y estos no pintaban nada bien; próximos a un final esperado la anarquía estaba instalándose en aquel reducto que a duras penas consumía sus últimas gotas de  esperanza.

Y como no hay dos sin tres, un descalabro más venía a unirse al estado de caos en el que se había convertido su día a día; los conflictos personales se incrementaban al tiempo que los escasos restos de salud escapaban a marchas forzadas, todo era oscuro en un horizonte próximo y más allá de este la incertidumbre se instalaba con fuertes raíces. Nada parecía estar a salvo y en ese magma de angustia existencial, había que levantar la cabeza y seguir avanzando, había que sacar pecho y restar importancia a los acontecimientos ante las miradas ajenas; uno estaba harto de fingir una falsa realidad.


El puño de la angustia iba cerrándose en torno a vísceras y  esperanzas, con su garra truncaba anhelos y proyectos ficticios que nunca verían la luz, sin dar un momento de respiro su presión creciente rasgaba un ánimo ya de por sí muy tocado y con la amenaza de un debacle próximo siempre en la cabeza, salir de casa requería ímprobos esfuerzos. El final estaba a la vuelta de la esquina, sus consecuencias se prolongarían mucho más allá del propio fin y nadie tenía claro cuando se llegaría al verdadero punto y final; tras este la cuenta se pondría a cero y todo volvería a empezar con nuevos ánimos, nuevas esperanzas, nuevos retos y mucha ilusión. Como suele decirse no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista así pues el tiempo marcará su ley y pondrá a cada uno en su sitio.

sábado, 3 de septiembre de 2016

45 MILLONES

Uno vive su vida, a veces mal gestionada, haciendo planes convencido de que nunca llegará a llevarlos a cabo; uno piensa, elucubra y sueña con hechos de muy difícil realización dado que los sueños son solo sueños y tan solo quedan atrapados entre las redes de nuestra materia gris. No por irrealizables dejan de estar presentes en nuestro día a día, no por inviables uno deja de desearlos, no por imposibles o al menos poco probables se siguen repitiendo una y otra vez.

Sin ir más lejos esta semana oí que en uno de los muchos sorteos con los que nos seducen cada semana había un bote de 45 millones ¿Quién no ha soñado alguna vez con que le toca la lotería? ¿Quién no ha hecho planes con el ficticio dinero obtenido por el premio? La respuesta más socorrida y repetida por las gentes es “yo pagaría lo que debo” y a la pregunta ¿y con el resto? Por desgracia a día de hoy y tal como está el país la respuesta de muchos sería “el resto… que esperen”.

La sensación de descubrir que uno está en posesión de la combinación ganadora de uno u otro sorteo debe ser aturdidora, de golpe uno puede cambiar su status sin haber movido un dedo; una vez asimilado el pellizco del 20% que se lleva el fisco hay que empezar a gestionar los emolumentos obtenidos y ahí hay que hilar fino si no queremos ver evaporarse en unos pocos años todo lo conseguido de la diosa fortuna pues si difícil es que toque, prácticamente imposible es volver a repetir esas dádivas.

Hay que establecer prioridades manteniendo siempre una visión global del premio y nuestras circunstancias, primero lo inaplazable pero sin ser excesivamente desprendido o generoso, tan solo damos lo exigido por nuestros compromisos legales o amistosos. Una vez solventada la parte acreedora y siempre que haya quedado remanente en el bote, podemos empezar a gestionar proyectos aparcados pero siempre teniendo los pies en el suelo, no se aceptan amigos nuevos ni gente bienintencionada de reciente aparición, hay que mantener un núcleo de gestión extremadamente reducido.

Arriesgarse con el mercado de valores tal y como está el patio se me antoja un despropósito, los plazos fijos y otros productos financieros a día de hoy son penosos y uno tiene la sensación cuando se los ofrecen de que le están tomando el pelo, porcentajes irrisorios cuando por un escaso descubierto te han estado cobrando comisiones desorbitadas a veces tan elevadas como el propio descubierto. La desgracia de tener que guardar el dinero en los bancos te obliga a valorar las opciones menos malas y en ocasiones es difícil encontrarlas por tanto te ves peregrinando por diferentes entidades financieras para recibir sus ofertas y demás parabienes.

El mercado inmobiliario es una opción interesante, hoy la oferta es amplísima y se pueden encontrar buenas operaciones las cuales, yendo con el dinero por delante, aún pueden ser mejoradas. Valorados y elegidos nuestros proyectos a desarrollar los puede haber de dos tipos ambos igual de válidos, por un lado lo que podríamos llamar lúdicos-vitales entre los cuales incluiríamos una nueva vivienda, el cambio de vehículo o el viaje soñado; por otro lado estarían los profesionales o de futuro entre los que estarían crear o mejorar nuestro negocio, estudiar en el extranjero, etcétera…

Así pues  uno no debe perder la cabeza ante tal regalo de los dioses, en ese caso de la diosa fortuna, con la cabeza fría debe planificar su estrategia pues de un buen planteamiento dependerá que ese dinero recibido colme nuestras aspiraciones sin riesgo a que se volatilice de un día para otro; generar un pequeño patrimonio que de buenos dividendos puede hacer que nuestras inversiones crezcan y se consoliden y recordar siempre el viejo refrán de “En el pagar no seas diligente que te puedes morir de repente”.

Una cabeza bien amueblada se hace fundamental a la hora de gestionar los dineros obtenidos por el azar, la coherencia y el sentido común deben prevalecer; recientemente conocí la historia de dos amigos agraciados con uno de esos premios, no muy elevado pero si lo suficiente para tener una vida desahogada. Uno de ellos compró una vivienda, mejoró su negocio y conservó un buen pellizco como colchón de seguridad. El otro en cambio vivió la vida; siempre rodeado de una corte de amistades de reciente aparición, flanqueado en todo momento por esculturales pivones de pasarela y enganchado a múltiples vicios de elevado coste, acabó en un visto y no visto con lo obtenido terminando sus días en las vías de un tren.


Suele decirse que el dinero no da la felicidad y es curioso que dicha aseveración suela salir normalmente de los labios de quien no lo necesita o de quien tiene tanto que ya no sabe en que gastarlo; una aceptable cantidad de dinero bien administrada es el mejor antídoto para las depresiones, ayuda a mitigar las crisis de ansiedad y en muchas ocasiones evita rupturas familiares aunque soy de la opinión de que una familia sujeta con alfileres en torno a la plata de uno de sus miembros, tiene poco futuro y antes o después explotará. Así pues seguiremos soñando con esas dádivas inesperadas, improbables y salvadoras de nuestras miserias cotidianas no olvidando nunca que el que juega por necesidad, pierde por obligación.

sábado, 27 de agosto de 2016

CAÍDA LIBRE Y EL AMOR

No era hombre de suerte, ya de pequeño tenía tendencia a caerse ante cualquier imprevisto, su rodillas eran un mar de moratones con todos los colores del arco iris en función de su momento de evolución; flexible como un junco e igual de frágil en todas sus cosas,  era blanco de contratiempos y despropósitos de lo más variado. Le llamaban Caída Libre y su nombre hacía honor a su trayectoria vital en continuo descenso.

Acostumbrado a los problemas y la mala suerte, había sabido crear una coraza en torno a él que a la vez lo protegía y aislaba de su entorno; en su obsesión por autoprotegerse había aprendido a negarse los sentimientos más básicos por miedo a que a través de estos, algo  o alguien lo hiriera. Caída Libre era frío y distante o al menos intentaba serlo ante la gente, era desconfiado rozando en ocasiones la mala educación en sus tratos por lo cual no era de compañía apreciada, cosa que en el fondo él agradecía pues le permitía evadirse sin tener que dar explicaciones.

La mente de Caída Libre últimamente flotaba en una nebulosa de sensaciones  hasta ahora desconocidas para él, cada mañana despertaba con la piel cubierta por una fina capa de sudor muestra inequívoca de un sueño inquieto y perturbado; su estómago vibraba sometido al aleteo de cientos de mariposas creándole un cosquilleo difícil de explicar. Caída Libre había conocido a una chica morena de ojos castaños y eso era nuevo para él.

Su imagen era la última que veía al cerrar los ojos por las noches, su sonrisa lo primero al abrirlos por las mañanas, aquella chica había perturbado la plácida aunque monótona vida de Caída Libre pero a él parecía no importarle, estaba enamorado. Se llamaba Margarita, nombre de primavera, y aun no siendo muy agraciada tenía un punto atractivo que a él lo volvía loco.

Margarita ya había tenido varios novios para su corta edad por lo que se desenvolvía bien en los lances amorosos, conocía el protocolo  y sabía marcar los tiempos, era un zorrón con cara de ángel y Caída Libre era su nueva víctima. Él la idolatraba, para él aquello era todo nuevo y le gustaba sentirse querido o al menos pensar que lo era; siempre tenía un detalle para ella, le gustaba sorprenderla.

A los pocos meses había acabado con sus ahorros intentando llevar un ritmo de vida que no podía permitirse pero todo era poco para su adorada Margarita, Caída Libre estaba en las últimas y ya no conciliaba el sueño, sus amaneceres ya no eran idílicos ni la sonrisa de su amada  la primera imagen del día; su vida se había complicado y no sabía que rumbo tomar.

Discutían a menudo y en más de una ocasión ella lo dejó plantado, no respondía a sus llamadas y los feos cada vez eran más frecuentes; Caída Libre estaba amargado, lo había dado todo por ella y cada vez Margarita estaba más distante. Para ella el limón ya estaba exprimido y era hora de buscar más fruta en otros campos, el protocolo marcaba la hora de la despedida para dejar paso al shock y más tarde al duelo de su última víctima.

La aceptación tendría que llegar antes o después aunque para Caída Libre no iba a ser fácil, su coraza de aislamiento se había agrietado el día que la conoció y ahora el rencor y un sentimiento de burla iba creciendo dentro de él al tiempo que en su rostro se instalaba un rictus de odio. Él despechado no vivía, no dormía, no comía, ya no era él… El día del adiós quedó perplejo, no daba crédito a las palabras que salían de la boca de Margarita y ella se marchó dándole la espalda.

Caída Libre no salía de su habitación, tumbado en la cama lloraba su suerte prometiéndose a partir de aquel día odiar a las mujeres, su primera y última experiencia con el sexo opuesto le marcaría para el resto de sus días y sin saberlo, un monstruo empezó a crecer dentro de él. Semanas más tarde ojeando libros y revistas en una librería de viejo, un artículo sobre Jack el destripador quedó a la vista  sobre una mesa y algo en él llamó su atención.

Caída Libre profundizó en el tema llegando a empatizar con el tenebroso personaje, no importaban los motivos por los que en su día hiciera lo que hizo, lo importante fue que se atrevió a hacerlo sin importarle las consecuencias, creando el pánico en las calles de Londres del siglo XIX. Caída Libre era un romántico y vio en el personaje un acto de poesía con cada uno de sus crímenes, para Caída Jack llegó a convertirse en su héroe.


Unos meses más tarde los medios de comunicación se hacían eco de una serie de muertes en extrañas circunstancias y sin un móvil claro; las víctimas guardaban un mismo patrón, chicas jóvenes, morenas y con ojos castaños.

miércoles, 17 de agosto de 2016

UN ALIEN EN EL VIENTRE

La semilla del mal iba creciendo en su interior sin dar manifestaciones claras, en los últimos tiempos no se encontraba bien sin saber a que atribuirlo y eso lo tenía preocupado; él hablaba del síndrome de ocupación pues tenía la impresión de que algo estaba creciendo en su interior por lo que se presentaba un conflicto de espacios ente “eso” y sus tripas. Su abdomen estaba dilatado y en ocasiones vibraba tensando sus músculos de manera asimétrica, con cada espasmo se deformaba aquella pancha redonda ganada con los años, con cada contracción muscular su respiración frenaba en seco yéndosele la vida.

Tumbado veía moverse aquella pancha que parecía estar a punto de estallar, los bultos e irregularidades debido a las anárquicas contracciones daban un aspecto grotesco a la redondez de antaño; en ocasiones llegaba a ponerse dura como una piedra, sus rectos del abdomen se tensaban como cuerdas de una guitarra orgánica echada a perder, por su parte los oblicuos tiraban desde sus inserciones de manera descoordinada desdibujando el perímetro de aquella malograda barriga. El mal de pancha cuya etiología no alcanzaba a vislumbrar se estaba cebando con él y no auguraba un buen pronóstico, estaba muy preocupado.

Estaba claro que algo no iba bien, tenía la impresión de que algo o alguien anidaba en su interior nutriéndose de sus fluidos, creciendo a costa de su maltrecho organismo y sin poder hacer nada para defenderse. En el silencio de la noche oía un murmullo de origen oscuro saliendo de sus entrañas, un continuo chupeteo con el que iba succionando sus humores secando cada rincón de su interior; era como un batido de chocolate con alguien al otro extremo de la pajita tirando de él.


Aquella sensación le acompañaba las veinticuatro horas del día minando su ánimo y llenándolo de incertidumbre, aquella malsana simbiosis le había cambiado el carácter teniendo los nervios a flor de piel prácticamente durante todas sus jornadas por lo que ante mínimos contratiempos, saltaba como una fiera enjaulada. El run run le seguía a todas partes habiéndose convertido en el centro de su vida pues todo giraba en torno a él, nada podía hacer olvidarlo pues él se encargaba de recordar su presencia con frecuentes y violentos espasmos.

Las noches eran su campo de batalla abonado al insomnio y el sufrimiento, en ellas no había  un momento de sosiego y ya no recordaba su último sueño reparador; sacudido por andanadas de convulsiones como si estuviera conectado a una línea de alta tensión, pasaba las horas esperando un nuevo amanecer. Por las mañanas vestirse suponía entrar en batalla con las fuerzas del mal que, desde su interior, ofrecían una resistencia sobrenatural difícil de vencer.


Así era su día a día desde hacía meses, la lentitud y burocracia sanitaria le hacían no encontrar el momento para hacerse pruebas que dieran luz a su lamentable estado, sabía que cuando lo hiciera daría comienzo el principio del fin y mientras ese momento llegaba él intentaba sobrevivir día a día sin plantearse un más allá pues nunca sabía cuando le llegaría esa última convulsión con la cual todo acabaría.

sábado, 6 de agosto de 2016

EL TIEMPO VUELA

Parece que fue ayer y sin embargo dentro de pocos días hará casi cuatro  décadas que ocurrió, toda una vida para la mayoría; el tan esperado para muchos, puente de la virgen de agosto, para él supuso el fin. El fin de todo lo conocido tal y como lo había conocido, el fin de todo lo vivido tal y como debía ser vivido, el fin de las esperanzas en un futuro tal y como debía uno esperárselo. Aquello fue el final, lo que vino después tan solo fue un deambular por la vida con más pena que gloria cuyo final estaba siendo inesperado y caótico.

¿Una prueba que quiso ponerle la vida o un castigo por la vida que hasta entonces había llevado? nunca nada ni nadie podría aclararlo pero después de casi cuatro décadas que importaba el motivo; todas las cosas importantes, trascendentes, significadas… ocurren en un instante, en lo que dura un parpadeo puede cambiar tú vida, para bien o para mal; esa llamada esperada, unos números de lotería, un encuentro fortuito, una curva traicionera… y zas, todo cambia a partir de ese momento.

Las cosas buenas o malas casi siempre las vemos en el ojo ajeno, un falso convencimiento nos hace creer que estamos exentos de ellas, difícilmente tocados por las primeras y a salvo de las segundas pero no es así, todos estamos en el bombo de esta lotería llamada vida, a la que todos jugamos aun sin quererlo. Un día despiertas sin ser consciente de que cuando anochezca ya nada será igual, tú vida habrá cambiado y en ocasiones de forma permanente; todo será nuevo y habrá que volver a empezar mal que nos pese.


La vida seguirá su curso pero la nuestra se habrá detenido, quedaremos lastrados en ese instante fatídico y esa carga deberemos arrastrarla el resto de nuestra existencia aun así, hay que seguir avanzando aunque el precio pagado escape a nuestro control. En este mundo tan diverso hay historias para todos los gustos, es curioso que predominen las malas, no sé  si por qué son más llamativas y morbosas, solo hace falta remitirse a los noticiarios para comprobar tal hecho, el caso es que cuando uno las vive en carne propia, se curte frente al mal ajeno envolviéndose en una coraza de indiferencia sobre la que todo resbala.

Y uno vuelve a recordar, y se traslada en el tiempo a aquel negro fin de semana, todo vuelve a cobrar nitidez entre las brumas de la memoria, aquellas caras y aquellas voces vuelven a ser reales, cercanas, ahí están delante de nuestros ojos escenificando un fragmento de nuestra historia lejana, aquellas últimas horas de nuestra otra vida, aquella que murió en la negrura de una noche de verano.

El sol sigue saliendo cada mañana y sus rayos continúan acariciando nuestra piel pero esa piel ya no es la misma, ha cambiado con su nueva vida dejándose cuidar por otras manos, dejándose mirar por otros ojos, dejándose besar por otros labios. Pocos son los rostros de ayer que siguen acompañándonos hoy, la vida es una rueda que  no deja de girar y en su rodar continuo, actúa como filtro de amistades y compromisos, de amores y prejuicios, de anhelos y esperanzas… solo echando la vista atrás vemos todo lo que quedó en el camino.

El momento se aproxima, una vez más como cada año visualizo los escenarios donde se desarrolló la macabra película, los actores se preparan entre bambalinas para la representación que en breves momentos tendrá lugar, todo el atrezo está listo en su lugar, la iluminación va adaptándose a la hora crucial y pronto se oirá la palabra acción, tras la cual todo se pondrá en movimiento una vez más. Es curioso como unos escasos segundos pueden llegar a tener tanto protagonismo en la vida de algunas personas, algunas de estas vidas continúan otras en cambio, acaban con ellos de manera brusca.


Tanto en un caso como en el otro, ya nada será igual a partir de ese momento; nuevos rostros aparecerán en tú vida, quizás algunos retornen del pasado trayéndonos con ellos historias olvidadas, tú hacer diario habrá tomado otro rumbo y hasta puede que hayas cambiado de residencia; nueva vida con nuevas sensaciones pero al llegar la fecha señalada, vuelves a ser el de antes y te ves con muchos años menos y toda una vida por delante, ésta aún no se ha truncado y en tú cabeza puedes manipular los acontecimientos dándoles resultados diferentes pero quizás, si estos se hubieran dado, hoy no estarías aquí escribiendo estas líneas.

El momento ha llegado y en tú cabeza analizas cada paso dado entonces sabedor de sus consecuencias, como en una novela prohibida vas leyendo sus páginas aplicando tú censura, eliminando fragmentos, cambiando palabras y expresiones pero al llegar al final, tan solo habremos cambiado la historia alejándola de la original y el resultado ya no será el creado por su autor que para bien o para mal, dejó su impronta en un momento dado.


La historia podrá imitarse, repetirse o incluso adulterarse pero nunca será la misma pues cada momento temporal es único, con identidad propia, las circunstancias que en el confluyen en tiempo y lugar son irrepetibles y por tanto exclusivas de ese fragmento de historia; todo lo que vendrá después aun siendo importante, será secundario pues cada uno lo vivirá de manera diferente, con más o menos resignación, con más o menos rebeldía, con mayor o menor impotencia. Cada línea vital seguirá descontando los minutos de su existencia por caminos variados, muy distintos los unos de los otros, aunque toda la red de carreteras se extienda por el mismo territorio; al final del trayecto todos confluirán en el mismo infierno… o paraíso.