sábado, 25 de enero de 2014

LA LARGA ESPERA

Un nuevo día daba comienzo bajo el murmullo de un canto gregoriano susurrado por el coro de los monjes del monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos; la ciudad hacía horas que marcaba sus leyes urbanas cuando me levanté tras una noche aciaga donde el reposo había eludido su presencia una vez más, la mañana iba a ser anodina sin nada especial que la significara por tanto dejaría pasar las horas sin interés. Una llamada era esperada y podía marcar la semana, su recepción implicaría llevar a cabo preparativos nunca antes realizados y por tanto asomarse a la incertidumbre y la sorpresa; el reloj del comedor iba desgranando los minutos de unas horas anónimas que iban pasando ajenas al mundo exterior, tras mis ventanas el clima frío del otoño ya se dejaba sentir y las gentes cubiertas como cebollas, se desplazaban arriba y abajo buscando un  lugar en la vida que no lograban encontrar.

Segundo día de espera y la llamada seguía sin llegar, sensaciones encontradas entraban en conflicto ante su inminente recepción, por un lado terminar con las actuaciones que de ella se derivarían, por otro hacer frente a los preparativos previos a dichas actuaciones; y mientras todo eso estaba por llegar el frío iba cubriendo con su manto toda la ciudad, cada rincón, cada calle, cada alma que por ella se movía. Un problema dentro de otro problema y a su vez ambos engullidos por un problema aún mayor, el mal dentro de un maltrecho cuerpo inmerso en unas circunstancias para nada deseadas llevado por los acontecimientos a través de un curso no elegido, no buscado, del que no podíamos salir.

El tiempo transcurre a nuestro alrededor mientras algunos permanecemos inmóviles, como una isla en mitad del océano, como un oasis en mitad del desierto; esperamos y esperamos y en esa espera repasamos nuestra vida recuperando fragmentos que creíamos olvidados, imágenes lejanas salen a la luz de nuestra memoria y nos vemos con muchos años menos en otro tiempo, en otra vida, en otra dimensión y el teléfono seguía sin sonar.

Tercer día sin noticias, el margen se va estrechando y ya no será esta semana, el tiempo pasa y el plazo necesario para realizar la prueba se estrecha haciéndose inviable, solo queda esperar la llamada y posponerlo todo tras pasar el fin de semana, una nueva cuenta atrás se pondrá en marcha y todo volverá a empezar. Mientras tanto resisto las inclemencias de un clima que me acobarda, cuatro meses aún para volver a renacer, ciento veinte días de ansiada espera primaveral, una vida en cuatro mensualidades que a priori se nos hace eterna; con el declinar del año la luz solar vuelve a alargar su sombra pero los cuerpos apenas notan el cambio hundidos dentro de sus ropajes acebollados, los aires del norte agudizan la sensación térmica y como caracoles encogidos dentro de su caparazón nos movemos por la interperie hostil.

Cuarto día sin novedad, un nuevo fin de semana se abre ante nosotros y nuestro ánimo no remonta; cuarenta y ocho horas de tele y lectura preso entre cuatro paredes, las mismas de siempre, nuestro mal vegetativo está presente en cada momento del día recordándonos la existencia de una paz que nunca encontraremos. Ropas húmedas, noches de insomnio, espasmos incontrolados, futuro incierto… una amalgama de sinsabores con los que hay que convivir y mientras tanto el tiempo pasa acercándonos a un fin no deseado, a unas pérdidas insustituibles, a una vida más gris si cabe.

La mañana transcurre sin sobresaltos y el silencio impera por toda la casa, unos cuerpos duermen en la habitación del fondo mientras voy plasmando los fogonazos de mis cansadas neuronas, como los trazos sueltos en un lienzo improvisado las palabras van alineándose una tras otra formando frases de contenido abstracto, solo el conjunto quizá de un poco de sentido al texto que poco a poco se va formando ante mis ojos. Y mientras tanto la calle clama en contra del cierre de un medio de comunicación, a pocos minutos del desalojo de las instalaciones y el inminente fundido a negro los últimos lamentos y reproches son emitidos por las ondas en un réquiem lastimoso e injusto desencadenado por años de desmanes, saqueos y la práctica reiterada de un amiguismo incontrolado.

Clavado frente a ti, texto maldito, escribo reflexiones sueltas e inconexas sin un sentido claro, sin una línea de continuidad, sin un fin explícito que justifique el tiempo perdido frente a la pantalla de plasma. En mi mente imágenes soleadas de otro tiempo revuelven mi nostalgia estancada en el recuerdo, veo con nitidez aquellas mesas junto a la arena de una bahía acariciada por la brisa, refrescantes cervezas pasaban de mano en mano mientras nuestras miradas se perdían en el azul infinito de un mar en calma. Rememoro la imagen de un islote con forma de corazón vista en la red de redes, pequeño fragmento de arenas blancas cubierto por un manto de vegetación exuberante bañado por las aguas turquesas de un océano infinito; ansío con la mente pisar aquellos restos de coral acumulados con el paso de los siglos, a los que las olas llevaron las semillas de lo que hoy es un paraíso terrenal. Aguas cristalinas lamen sus orillas con un manso vaivén, una danza rítmica que culmina en un beso blanco de espuma y arenas doradas sobre las que pequeños seres se desplazan buscando alimento con las primeras luces de cada amanecer.


La espera concluyó y la ansiada cita llegó por correo postal, ahora solo quedaba alcanzar la fecha indicada y someterse a los preparativos para la prueba requerida, una más en mi precaria andadura por este mundo de sombras…. Unos meses más y el sol volverá a lucir con fuerza insuflando unos ánimos perdidos con la caída de la hoja; unos meses más y de nuevo encontraré mi lugar junto a las arenas doradas que bordean la bahía anhelada; unos meses más y la brisa tibia acariciará mi piel ávida de sensaciones olvidadas. El verano volverá a recibirnos con su dulce abrazo.

sábado, 18 de enero de 2014

HASTA LOS HUEVOS... ES POCO

Hay mañanas en las que te levantas con el morro torcido, las brumas que cubren tú mente no te dejan ver la luz del sol, esos días uno sale de casa decaído y con la línea de flotación tocada, nada está claro y los problemas se vuelven más acuciantes, todo es gris y sin visos de aclarar. Uno piensa en como ha podido llegar a enmerdar tanto su vida y no ve salida a la situación en la que se encuentra, no hay un horizonte claro o al menos uno no lo ve, todo se convierte en un caos incontrolable que nos lleva a una espiral de locura malsana de la que no vemos la forma de salir. Y encima oyes las noticias en cualquier canal de televisión, más leña al fuego, si uno está mal ver como anda el país no supone un bálsamo para su espíritu, allá donde mires huele a podrido, los cubos de basura que todos hemos ido llenando con nuestras malas gestiones, corruptelas y demás artes del ladroneo, impregnan un ambiente en otros tiempos con claros tintes de optimismo, nadie se salva del mal hacer de alguna mano negra, nadie puede dormir tranquilo mientras sus intereses sean gestionados por entes anónimos cuyos gestores actúan con la más completa impunidad, nadie debe relajarse y dar por hecho que lo suyo está seguro.
La vida transcurre ranqueando por caminos indecisos, lo que un día fue bueno hoy ha dejado de serlo y los que fueron líderes de una supuesta economía saneada y modélica, hoy son perseguidos y acusados por malversar, evadir o robar sin el más mínimo reparo y uno en su pequeñez, mira a su alrededor y se siente impotente asaltándole las ganas de sacar la recortada del armario y liarse a tiros con todo lo que le rodea. Ver entrar y salir de los juzgados a unos adonis trajeados, presuntos de muchos cargos, entre el clamor popular que siente en sus carnes los efectos de tan malas gestiones, hace hervir la sangre al ser más calmado; la enajenación del pueblo parece estar contenida por una mordaza subliminal que nadie entiende como se mantiene, nadie pierde la cabeza y monta un desaguisado con todos estos personajes que están pidiendo a gritos un castigo ejemplar.
Y uno vuelve a sus problemas y su cabeza no deja de elucubrar, y su caos sigue dentro de un caos aun mayor que se extiende por todas las clases y estamentos, nadie escapa a los despropósitos que marcados desde arriba, machacan una y otra vez sin piedad a las gentes del pueblo. Sigo ensimismado en mi mundo interior, los conflictos luchan por encontrar una solución que no encuentran y la angustia empieza a pasar su factura psicosomática, una opresión torácica incipiente empieza a manifestarse sin nada que la frene, por momentos invade todo mi pecho queriendo extenderse por mis brazos y mi cuello, respiro hondo e intento tranquilizarme pensando en imágenes banales, lugares idílicos y amores imposibles, estos últimos añaden más frustración a mi angustia y con ello mi impotencia se ve incrementada en muchos enteros. ¿Así es la vida? Me pregunto en un momento de lucidez, ¿debemos vivirla a lomos de esa monotonía cotidiana? Los días corren, las semanas vuelan, los meses mueren uno tras otro y no reaccionamos, el fin se acerca y no tomamos medidas ¿Cuántos días realmente buenos hemos vivido en los últimos tiempos? ¿Cuántos momentos mágicos hemos tenido en el último mes? Es un tema para reflexionar.
Debemos encontrar nuestro lugar de meditación, este puede ser físico o mental, en él aprenderemos a vaciarnos de todo lo que nos lastra, pensaremos en lo que nos oprime, haremos planes de futuro, visionaremos a la gente que queremos, a la que adoramos y también a la que no nos es grata, a la que intentamos evitar; allí, solos con nosotros mismos, haremos repaso de nuestras acciones, de nuestros anhelos, de nuestros deseos inconfesables, elucubraremos con imposibles de los que comienzan con un “y si…”; allí renovaremos nuestras almas y de allí saldremos más ligeros de equipaje aunque este no tarde en volver a dejar sentir su peso. Seremos libres por unos instantes, libres de cargas, obligaciones, responsabilidades… en ese lugar elegido, mágico y personal, seremos invisibles al mundo que nos rodea y solo veremos aquello que queramos ver pues un escudo impenetrable nos protegerá de cualquier influencia ajena a nuestros deseos. El tiempo se detendrá en ese lugar para nosotros y aunque el minutero siga corriendo de manera inexorable, nuestro tiempo estará en un paréntesis atemporal y místico que nos permitirá ver más allá de nuestro momento terrenal. En esa plaza, junto a esa fuente, en un parque a la sombra de un árbol, a la vera de un  río o en la tranquilidad de una playa, dentro de nuestra cabeza o metidos en la cama, sea cual sea el lugar elegido, nuestro lugar de meditación y escape, en él encontraremos la paz y el sosiego que la ajetreada vida diaria nos niega, en él volaremos muy lejos de nuestra ubicación física ya que la mente no tiene límites ni fronteras y con ella estaremos donde queramos estar, haremos lo que queramos hacer, veremos lo que queramos ver pues en nuestro reducido mundo interior, cada uno de nosotros somos dioses de ese reino individual y por tanto podemos proyectarnos a nuestro antojo y capricho.
Luego volveremos a la realidad que nos rodea, esa que nos golpea con fuerza cada día tan pronto como abrimos los ojos por la mañana, volveremos a los conflictos diarios y una vez más tendremos que gestionar de la mejor manera posible todo ese mundo que gira en torno a nosotros y que muchas veces nos asfixia llevándonos al límite de nuestras fuerzas. Mientras eso ocurre la podredumbre de las grandes esferas seguirá cebándose con los más débiles, los indefensos, aquellos sin poder de decisión los cuales ven impotentes como se machacan sus derechos sometidos a una burla burocrática que en muchas ocasiones complica los trámites más sencillos con un constante acoso y derribo al menos común de los sentidos, el sentido común. Es por ello que se hace necesario ante tanta mediocridad, tanto abuso, tanta impunidad… encontrar ese punto, lugar o estado en el que podamos evadirnos y recomponer nuestros esquemas, coger fuerza y salir de nuevo al mundo con más ímpetu, más energía, más decisión si cabe; allí renovaremos nuestras energías y modularemos desde la reflexión, la forma y manera de canalizarlas más eficazmente.
Hoy en día a la vista de los acontecimientos hemos de reinventarnos, sacar lo mejor de nosotros mismos y aun así, no lo tendremos fácil; la jungla que hay ahí afuera es salvaje y despiadada, hoy con mayor intensidad que en otros tiempos, impera la ley del más fuerte, del más osado, del más intuitivo y oportunista, si tardamos en respirar nos roban el aire y difícilmente dispondremos de quien nos haga el boca a boca (sin lengua se entiende); hoy podemos decir “estoy hasta los huevos…” y nos quedamos cortos pues hay a quien la mierda le llega hasta el cuello y a estas alturas aún no sabe nadar.
Dicen que tras la tormenta siempre vuelve a lucir el sol, que cada invierno da paso a una nueva primavera y que no hay mal que cien años dure; nuestra tormenta particular puede llegar a agotarnos, tentarnos a tirar la toalla, hacernos desfallecer pero ahí debe estar la fortaleza que cada uno tiene para plantarle cara a la adversidad, soltar el lastre superfluo que hemos ido añadiendo sobre los hombros  y enlentecen nuestro caminar. El poder del alambique (véase La conciencia del alambique, publicado en mayo) quizás sea el instrumento que nos ayude a liberar esa energía negativa que pugna por envenenar nuestro mundo interior, su capacidad de análisis y purificación actuará como filtro de impurezas y así los humores nocivos que nos atenazan, quedarán atrapados siendo desechados al exterior de nuestras almas.
Nuestro santuario secreto, aquel sitio elegido privadamente, quedará como un arca de la alianza, alianza entre nosotros y nuestro mundo, nuestra mente y sus proyecciones, será nuestra tabla de salvación cuando creamos que todo está perdido, nuestra isla desierta en un océano de tinieblas, allí nos encontraremos seguros y a salvo de todo; ese altar sagrado para nuestra alma será un talismán para nuestro ánimo ya que cada vez que accedamos a él, este se regenerará haciéndonos un poco mejores, más pacientes, más sabios….si logramos escucharnos.

Todo tiene un comienzo y un final pero entre uno y otro el camino puede hacerse fácil y confortable o por el contrario difícil y tortuoso; las adversidades y sobre todo nuestra aptitud ante las mismas, marcarán nuestro recorrido vital, durante el mismo habrá altos y bajos, momentos malos, buenos y mejores, por desgracia estos últimos serán escasos y con frecuencia pasarán  desapercibidos; todo el camino será una constante aventura para la que quizás no estemos preparados y por tanto el aprendizaje deberá ser continuo, no bajando la guardia en ningún momento pues solo así afrontaremos con posibilidades de éxito, las pruebas a las que nos enfrentaremos en cada etapa de nuestra existencia.

sábado, 11 de enero de 2014

EL AIRE QUE NOS FALTA

Una tras otra vamos consumiendo las jornadas de una vida vivida sin acierto, los errores del pasado salen a la luz en un presente incierto que hace intuir un futuro convulso; actos erróneos aceptados con una falsa ignorancia, pasan factura con el devenir de los tiempos y llegada la hora de rendir cuentas, nos encontramos atados de pies y manos sin apenas margen de maniobra. A merced de los acontecimientos se mece nuestra existencia mientras la espera se hace larga y angustiosa, es lo que toca vivir en un año recién acabado y del que ningún grato recuerdo será escrito en el libro de la vida; nos falta el aire y con su ausencia una opresión mantenida sobre todo nuestro ser nos acompaña las veinticuatro horas del día.

Respirar buscando hinchar los pulmones se convierte en una maniobra habitual que repetimos con frecuencia, un esfuerzo extra por vencer la constante opresión que nos atenaza; el personal que nos rodea es ajeno a la catarsis que han experimentado nuestras vidas en unos pocos meses pero en la distancia, cada uno vive en sus carnes los daños colaterales en los que ha derivado una situación descontrolada. Ante nosotros días de fiesta, luces y colores, todo envuelto de músicas entrañables y consejos publicitarios de lo más tierno y sugerente; la falsa alegría que muestran las altas esferas contrasta con la tristeza subliminal que vive el pueblo machacado por los acontecimientos.

Y mientras la calle llora las carencias, muchos hogares montan sus belenes y árboles de navidad en un intento por dar color a la negrura en que se han convertido sus vidas. Sonrisas forzadas buscan endulzar una situación caótica que nadie esperaba, un estado impensable de alcanzar tan solo unos meses antes, un pozo oscuro al que nunca se nos ocurrió podríamos llegar a asomarnos.  Hoy al borde del precipicio intentamos mantener un equilibrio que amenaza con fallar y arrastrarnos a los abismos llevándose tras de sí toda una vida de logros penosamente conseguidos, todos los esfuerzos de una o varias existencias, todo un legado generacional.

Esa calle tantas veces vista adquiere otra imagen, esos rótulos tantas veces leídos toman otro significado, lo que siempre habías considerado tuyo hoy se ha convertido en una lacra a punto de desaparecer y con ella el peso de los compromisos adquiridos arrasará como un tornado la plácida vida que hasta hace poco llevábamos. Y la vida sigue, continua ajena a los despropósitos cometidos por unos y permitidos por otros, sigue su curso natural con penas y glorias repartidas por igual, sigue y sigue sin nada que la frene.


Con todo el fiestorro concluido de nuevo nos enfrentamos a la dura realidad, una vez más sentiremos la amenaza en nuestros cogotes, las mañanas de incertidumbre volverán a ser la rutina diaria, las miradas inquisitorias volverán a dejar su impronta sobre nuestras pieles y día tras día iremos ganándole tiempo a la vida, una vida echada a perder en el momento más crítico, en el ocaso de una existencia.

sábado, 4 de enero de 2014

ALEGRÍA ¿Donde, Cuando, Por qué?

Y es que vivimos en un valle de lágrimas donde los sufridos lagrimales no dejan de sangrar; uno lee la prensa, ve la televisión, oye los comentarios en bares y terrazas … siempre lo mismo, la cantinela suena y suena en labios de todos con distinta música pero con idéntica letra. Las cifras macroeconómicas mejoran o al menos eso dicen, pero al buzón de casa siguen llegando facturas que no podemos pagar; los bancos siguen reacios a abrir el grifo del crédito después de haber llenado sus depósitos con fuel a bajo precio y el pequeño comercio sigue boqueando con el agua al cuello.

Mientras el país se hundía, unos cuantos han ido haciendo caja de la manera más impúdica posible ante la mirada impasible de los supuestos gestores del reino, hoy se intentan subsanar los errores del pasado con luz y taquígrafos pero la lentitud a que se hace llega a desesperar, demasiadas leyes, demasiados supuestos, demasiadas comparecencias pero lo robado no aflora, nadie devuelve lo llevado ni paga en cárcel el suficiente tiempo para que al menos no pueda disfrutar de lo sustraído y así seguimos: ERES en Andalucía, caso NOOS en miembros de la familia real, familia Pujol con las ITV y las mochilas con dinero cruzando la frontera camino de Andorra y no precisamente para comprar quesos, el caso Arena y otros en Mallorca, de nuevo en Cataluña el caso Palau, financiación ilegal o al menos turbia en varios partidos políticos, caso Gürtel, caso Faisán y por último aunque seguro que me dejo alguno, el rey de la comedia, el próximo ganador de un Goya a la mejor interpretación, el hasta hace pocos meses ejemplo de hombre triunfador como en su día lo fue el aclamado por las masas Mario Conde, hoy ese ejemplo de lince de las finanzas se llama Luis Bárcenas que tras cansarnos viéndole entrar y salir de su casa bien trajeado, se come los mocos en una celda de dos por cuatro metros pero aún no ha soltado nada de lo que se llevó.

Pero el país lo sigue pasando mal, si hace unos años se manifestaban los estafados por el Fórum Filatélico hoy lo hacen por las preferentes, seguro estoy de que hay más de uno al que han pillado en ambos fregados y si aún no están mortimer deben estar a las puertas; antes eran un coñazo los llamados consejos publicitarios, hoy lo siguen siendo pero se les han añadido a la lista los espacios de noticias donde todo es malo o peor. Y mientras el país sigue en su particular deriva, a nuestras costas continúan llegando más y más pateras con su carga humana, esta viene a rellenar el hueco que poco a poco van dejando hispanos y europeos del este que tras  sufrir la crisis en sus carnes, retornan a sus países de procedencia y así entre los que se van, los que se quedan y los que ponen el pie en la patria por primera vez, se redistribuye la amalgama racial pero con una importante diferencia; mientras que los que se van contribuyeron en su momento a la riqueza del país con el aporte de su trabajo, la mayoría de los que quedan y los nuevos en llegar, forman esa masa que malvive y que con frecuencia desde las diferentes estancias del Estado debe mantenerse para asegurar su supervivencia.

Las incongruencias legislativas llevan a prohibir la venta de material falsificado bajo penas de multas económicas, incautación del material y según los casos cárcel, mientras nuestras playas son un interminable mercado de estos productos bajo la impasible mirada de las autoridades. Es verdad que en muchas ocasiones son un atractivo turístico en los paseos marítimos de muchas poblaciones costeras, pero no es menos cierto que además de un perjuicio para los comerciantes autóctonos que cumplen con todas las normativas, estos vendedores de temporada no solo venden productos falsificados de las mejores marcas, sino que lo hacen sin pagar ningún tipo de impuestos y en la mayoría de los casos en una situación de irregularidad personal dentro de nuestras fronteras; ¿hasta cuándo tanta permisividad con esta actividad a todas luces ilegal por mucho colorido que aporten a nuestras playas?

Está claro que antes o después la normalidad volverá a nuestras calles, a nuestros negocios, a nuestras fábricas y sus gentes pues no hay mal que cien años dure pero ¿cuál será el precio pagado? Muchos habrán quedado en el camino pues como reza la segunda parte del refrán, no hay cuerpo que lo resista. Nada será igual que antes y habrá que reinventarse para volver a resurgir; la distribución de la riqueza, el poderío y el estado de bienestar de las naciones a lo largo de la historia ha ido desplazándose por todo el globo terráqueo, en la actualidad un tsunami financiero y de valores ha barrido nuestras sociedades supuestamente avanzadas,  quedando en el valle de una ola gigantesca, hoy sus crestas las ocupan el gigante asiático y los países emergentes de Hispanoamérica, que volvamos a reflotar el barco depende de hacer grandes sacrificios pero esto debería ser para todos y no siempre recaer en los mismos; mientras se escriben estas palabras el precipicio sigue amenazando a muchos, lo que hasta hace poco  parecía seguro hoy se tambalea con pies de barro y en su caótico desequilibrio puede arrastrar voluntades, anhelos, esperanzas y sueños incumplidos pero la rueda gira y en su rodar, aplasta de manera despiadada todo a su paso.


Tiempo; tiempo es lo que hace falta para poner las cosas de nuevo en su sitio, tiempo para recuperarse del batacazo que muchos han tenido que soportar, tiempo para volver a encontrar la senda que un día desapareció bajo nuestros pies extraviando esfuerzos y voluntades, tiempo para volver a recuperar las confianzas perdidas, tiempo para poder volver a sonreír… pero el tiempo se acaba para muchos y estos ya no lo lograrán, este año 2014 lleno de esperanzas y promesas de recuperación habrá llegado demasiado tarde para muchos.

sábado, 28 de diciembre de 2013

EL AÑO QUE SE VA

Caen los últimos dígitos del calendario, el último mes toca a su fin y es hora de hacer balance. La misma novela anual tendrá infinitos desenlaces según quien sea el autor que la escriba, los mismos doce meses habrán sido muy diferentes en los cientos de miles de hogares distribuidos por todo el país y la lectura de ese periodo de tiempo tendrá finales muy distintos según quien relate su recorrido.

Como cada año iniciamos enero cargados de esperanzas y propósitos muchos de ellos inviables de antemano, uno espera mejorar lo pasado y anhela encontrar en el nuevo año lo que perdió o nunca tuvo, se marca renuncias a vicios y hábitos mal adquiridos. Nunca es tarde para cambiar, tomar otro rumbo siempre es posible pero muchas veces ese cambio tan solo queda en intención, en anhelo, en propósito incumplido; así pues echando la vista atrás uno analiza el calendario vencido y saca conclusiones.

Uno puede retrotraerse a los primeros días del enero pasado y recordar las cosas que quiso hacer y que quedaron nuevamente en el tintero como proyectos de futuro, recordar aquel viaje irrealizado o el curso de inglés no iniciado, visionar aquella cajetilla de cigarrillos tan solo abandonada por unas semanas o el presumible cambio de aptitud frente a ciertas cosas o personas; uno observa desde la distancia todos aquellos proyectos no culminados y se propone volver a intentarlo.

El año da sus últimos coletazos y en su ocaso nos recuerda sus alegrías y penurias, sus éxitos y fracasos, sus sorpresas y desilusiones, también nos confirma hechos esperados, debacles no controlados, pérdidas irreparables. Doce meses dan para mucho sin embargo vistos desde la distancia pasan en un suspiro, casi no dan tiempo para reaccionar y muchas veces el toro de la vida nos pilla y nos arrastra en su carrera desenfrenada y loca.

Hoy aquí, a escasas horas para que acabe un nuevo ciclo de doce meses, miramos hacia el futuro y deseamos que todo el lastre haya quedado atrás, quemamos nuestras naves y confiamos iniciar una nueva etapa en la que el sol luzca cada mañana y sus rayos ahuyenten los malos augurios, confiamos en remontar la cuesta por la que caímos a los infiernos en meses pasados, esperamos ver la luz que nos guíe por senderos seguros y protegidos de las injerencias externas que nos llevaron en el pasado cercano a extraviarnos y sucumbir.

Es posible que el año haya ido bien y por tanto uno se conforme con repetir, más de lo mismo muchas veces es toda una bendición, todo un logro al que asirnos con uñas y dientes, saber apreciar lo que se tiene y aún más importante, conseguir defenderlo, ya es de por si todo un éxito digno de elogio pero por desgracia muchas veces no va a depender de nosotros. Somos tan solo un engranaje de la maquina vital, un peón sobre el tablero de la vida y muchas veces el juego así como su desenlace escapan a nuestro control.

El año concluye y con él quemamos una etapa más de nuestro recorrido terrenal, una etapa que buena o mala ya nunca volverá; nuevas expectativas se abren ante nosotros, nuevas oportunidades y proyectos se cruzarán en nuestro camino, saberlas aprovechar o eludirlas será todo un reto, acertar una habilidad o ser tocados por la diosa fortuna que reparte sus parabienes de manera caprichosa e impredecible.


El reloj tocará las doce campanadas y con ellas una nueva página en blanco se abrirá ante nosotros, una página de doce meses, de trescientos sesenta y cinco días que empezarán a descontarse con esa última campanada, días que nos traerán sorpresas y sobresaltos, alegrías y amarguras, emociones y desilusiones, algunos se nos harán largos, otros volarán como el viento, traerán estrés, ansiedad o sosiego, a lo largo de esos doce meses viviremos lo esperado y lo inesperado, seremos felices o desgraciados pero con cada día que pase iremos llenando nuestro libro de la vida y lo que en él vaya quedando escrito ya nadie lo podrá cambiar.

sábado, 21 de diciembre de 2013

LOTERÍA CAPRICHOSA

Iluso aquel que espere ser agraciado por la diosa fortuna, tiene más posibilidades de desarrollar un cáncer maligno; aun así semana tras semana dejamos perder nuestros euros llenando las arcas del estado con los juegos de azar. Primitiva, quinielas, euromillones, lotería y un sinfín de juegos más sin olvidar los cupones de la ONCE y otras entidades, se encargan de saquear nuestros maltrechos bolsillos; es la ilusión de todos los días, dicen algunos, y no mienten pues quien más y quien menos ha pensado alguna vez en lo que haría si le tocara el gordo.

Soñar es gratis y ese sueño se repite una y otra vez en las mentes de los pobladores de este planeta llamado Tierra; ilusos, mezquinos y soñadores, todos hemos pasado alguna vez por ese trance esotérico en el cual, una serie de números mágicos pueden cambiar nuestras vidas. En ocasiones jugar esos números, ese cupón o ese décimo de lotería, se convierten en parte de nuestra rutina semanal y esperamos ansiosos el día del sorteo como si de él dependiera nuestro futuro y muchas veces así es.


Uno hace cábalas con los dineros de un premio ficticio, los reparte en su cabeza con diferentes destinos, piensa en los agujeros que taparía, en que los invertiría, las cosas que compraría, la gente a la que ayudaría y de repente vuelves a la realidad ¡ploff! no hay dineros que repartir y por tanto ni compras, ni inviertes, ni ayudas a nadie. En ese momento anterior a que explote la ilusión creada, te sientes exultante, generoso, feliz…pero luego vuelves a ser tú, con tus problemas y tus facturas sin pagar, tus miserias se acrecientan y vuelven a ser las protagonistas de tú vida.

Estás comiendo en un restaurante y ves aparecer al lotero de turno con sus tiras de décimos colgando en su pechera y en las manos tú posible salvación, se aproxima a la mesa donde estás sentado y te pregunta ¿Cuánto debe? ¿Quiere lotería? Y tú haces cálculos rápidos en la cabeza y sabes con cuanto te arreglarías así que te dejas arrastrar y le compras uno, dos o más boletos pasando en ese momento aun sin ser consciente de ello, a ser unos euros más pobre que cuando entraste en el local.

Muchas son las escenas ligadas a los juegos de azar, también el desesperado que tras arruinarse en las mesas de juego acaba con su vida en los jardines que rodean al lujoso casino, decisión trágica y romántica a la vez; mi amigo Pepe, amputado del brazo derecho, me vende cupones de la ONCE, con él es tirar el dinero y se lo digo ─joder Pepe perdiste el brazo de dar los premios y con el que te queda no das ni las devoluciones─ pero le sigo comprando cada vez que lo veo, uno que es flojo de espíritu y no pierde la esperanza en contra del sentido común del que a veces dudo ser poseedor.

Cada año empieza a venderse antes la lotería de navidad ¿no es de navidad? Entonces qué coño hacemos comprando décimos a mitad de julio en un pueblo perdido del interior; no nos conformamos con la administración de nuestro barrio no, en nuestra obsesión por lucrarnos adquirimos fracciones de la suerte en lugares remotos a nuestros lugares de origen; probablemente la navidad sean las fechas donde más dinero tiramos en juegos de azar pues a los habituales, añadimos el sorteo extraordinario del que compramos a diestro y siniestro sin reparar en gastos. Luego llega el día del sorteo y como era de esperar, el premio o premios pasan por nuestro lado con más pena que gloria y tenemos que conformarnos con ver por televisión a los agraciados bajo una  lluvia de fluidos dorados, frente a la administración que les ha cambiado la vida.


Es la suerte, caprichosa y pasajera, la que un día toca en el hombro y transforma gentes y voluntades, crea expectativas y ayuda a cumplir sueños, soluciona problemas y hace que aparezcan amistades desconocidas; las familias se unen alrededor de la suerte, las enemistades aparentemente desaparecen y triunfa el amor, todo es de color de rosa en torno al agraciado y hasta el banquero que nos negó ese crédito nos visita y felicita con una sonrisa en los labios y la mano tendida.


Yo por si acaso un día llega y no pasa de largo, seguiré comprando lotería y otros boletos variados, está claro que no saldremos de pobres pero ¿y si un día ves aparecer esos números mágicos que repites una y otra vez en tú cabeza? Imagino que en un primer momento debe darte un subidón, un ahogo u opresión pero luego una vez bajado de nuevo al suelo, vaya responsabilidad, que dilema más bonito organizar el destino de los dineros recibidos. Lo dicho al principio ¡soñar es gratis!

sábado, 14 de diciembre de 2013

DESANDAR EL CAMINO

Volver a empezar, una utopía al alcance de unos pocos, desandar el camino y poder volver a iniciarlo exento de los errores cometidos en el pasado, un imposible; si el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, quien nos dice que no volveríamos a caer en el mismo bache, aun así nos convencemos a nosotros mismos de que todo sería diferente y quizás lo fuera. Los años dan experiencia pero cada uno a de cometer sus propios errores para adquirirla, no basta con ver los que cometen otros, hay que sufrirlos en carne propia y tras lamentarse aprender, pero muchas veces ya es tarde.

El exceso de confianza en la vida es un mal compañero de viaje, fiar en otros tú destino a veces puede acabar truncándolo, llegando a un punto de no retorno; el sol seguirá saliendo cada mañana pero para muchos sus rayos no brillarán pues las brumas en que se habrán convertido sus vidas, impedirán que estos lleguen a iluminar sus precarias existencias. Volver a empezar, esa utopía con la que soñamos una y otra vez, nos recriminamos nuestras torpezas, nuestras confianzas mal dadas, nuestra ceguera ante lo obvio, pero la catarata ya es inoperable y la luz no volverá a nuestra vida.

En ese entorno de caos e impotencia uno despierta cada mañana con el alma atormentada esperando nuevos acontecimientos, el camino andado está escrito y nada puede borrarlo salvo la desintegración total, dado que esta no va a llegar no queda más remedio que seguir dando pasos torpes con un destino incierto. ¿Qué haría si volviera a empezar? Probablemente casi nada de lo hecho, en principio todo debería ser nuevo tanto en las cosas como en la forma de afrontarlas, uno aprendería aquello que no aprendió, iría allí donde no fue, haría lo que no hizo y dejaría a un lado todo aquello que en la vida escrita lo llevó a los abismos.

Forzamos la imaginación y por qué no empezar en otro país, en otro continente; nueva vida, nueva ocupación, nuevas amistades, hacer tabla rasa y empezar de cero, sin nadie que nos conozca, sin nadie que nos necesite o nos espere, una nueva identidad. Quizás sin saberlo, la humanidad lleve miles de años haciéndolo, reencarnándose los muertos en los vivos, trasladándose de forma aleatoria por todo el globo terrestre, saltando por las diferentes razas y clases sociales; dado que la energía ni se crea ni se destruye sino que se transforma y puesto que nosotros somos energía, estamos sometidos a sus leyes y por tanto cabe la posibilidad de que nuestra alma iónica una vez muertos, salte a otro cuerpo en ciernes de ver la luz.

Aquel moreno de ojos negros y pelo rizado que ayer cayó cruzando una calle bajo las ruedas de un autobús, hoy puede ser el niño rubio de tres kilos y medio que exhala sus primeros llantos en la intimidad de un paritorio y entre ambos puede existir todo un océano de por medio; el Einstein del pasado, hoy puede estar sometido a la ingravidez de una nave espacial camino de la Estación Internacional perdida en el cosmos mientras la secretaria con andares rápidos, que va camino de su despacho a primera hora de la mañana, en el pasado pudo ser una sacerdotisa del templo de Isis en el lejano Egipto.

El bombo seguirá girando, repartiendo cuerpos y destinos, pero para entrar a formar parte de sus bolas del azar, deberemos antes consumirnos en cenizas de las cuales nuestra energía saltará a otro proyecto vital que esté a punto de iniciarse. Este azar que a veces hay que saber buscarlo, repartirá familias, países y ocupaciones pero el resultado de la línea de vida que cada uno inicie, dependerá en gran medida del protagonista de la historia; nada está o debería estar escrito de antemano, el libro en blanco deberá ir llenando sus páginas con la andadura personal, al llegar a su epílogo el resultado podrá ser más o menos gratificante pero la novela de nuestra vida ya estará escrita y nada de lo pasado podrá borrarse.


Uno a veces repasa el libro de su vida, busca capítulos concretos de esta y piensa en lo que habría ocurrido si en vez de hacer esto hubiera hecho lo  otro, si en vez de decir una cosa hubiera dicho otra, si en vez de ir a un sitio hubiera ido a otro…; nunca sabremos las respuestas pero elucubramos sobre ellas y muchas veces creemos que siempre habría sido mejor no obstante, arrepentirse de lo hecho es muchas veces mejor que haberse quedado con la duda de su resultado en caso de no hacerlo, sea como sea lo hecho, hecho está y ya no tiene vuelta atrás por tanto hay que apechugar con las consecuencias, aunque en ello nos vaya la vida.